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PRÓLOGO

Prólogo

Quería recoger los pedazos de mi corazón que trataban de no ahogarse en el mar que mis lágrimas formaban a mis pies, pero, era incapaz de moverme. Acababan de taladrar mi alma. Sin gritar, sin discutir, sin darme una oportunidad para tratar de arreglarlo, tan solo lo nuestro se había acabado, sin más y no había marcha atrás.

Sentada en el mismo banco de madera desgastado por muchos sitios donde los corazones con nombres se confundían con los corazones rotos y desdibujados por marcas de llaves, una vez que la relación se había roto, observaba como las hojas amarillas resbalaban de sus ramas y se posaban a mis pies junto al remanso de agua salada que mis ojos creaban y donde mi corazón moría ahogado.

La sensación de asfixia y de impotencia, hacía que me preguntase cómo era posible que algo que doliese tanto fuese bueno...

Al menos para mí no lo era. Me había dejado sola, vacía y rota en un banco desvencijado. Sin la ocasión de entender qué había hecho mal, por qué me dejaba. ¿Habría otra?

¡No! No podía ser... él me amaba o eso me había susurrado la noche anterior, en la parte trasera de su coche mientras se llevaba mi inocencia bajo una luna rota escondida entre nubes oscuras, las mismas que presagiaban mi destino. Tal vez... ¿había jugado conmigo?

No, no deseaba creerlo, no Raúl. Era un buen chico, atento, amable y cariñoso. No podía recordar el tiempo que pasó tratando de conseguir que le hiciese caso, ¿por qué habría luchado tanto si no me amaba? ¿Para qué tantas molestias?

Para robarte tu virginidad, ¡tonta!, gritó dentro de mi cabeza una vocecilla airada por mi inocencia.

Sin duda estaba ofendida por mi corto intelecto, pero me negaba a creer que fuese por eso. No era capaz de comprender cuál habría sido la verdadera razón. En el fondo de mi alma, esa que permanecía fría e inmóvil por el inesperado y doloroso golpe, se debatía en una tormenta helada sin saber si permanecer estática o encontrarse con mi corazón y unirse a su suicidio entre lágrimas, sentí que era verdad, me había utilizado y se había llevado lo que otros no habían logrado, tan solo para qué...¿Divertirse? ¿Fardar? ¿Una apuesta?

Todo parecía una locura y a la vez tan razonable...

Parpadeé y noté las lágrimas por primera vez surcar mis mejillas. Me llevé las manos al rostro tratando de ocultar tras ellas el dolor que me rompía el alma.

Cuando mi cuerpo exhausto dijo basta, reuní las pocas fuerzas que me quedaban y me obligué a levantarme mirando hacia la noche que me había sorprendido.

Juré para mí misma, que nunca más dejaría que mi corazón se ahogase en llanto, que ningún otro ocuparía ese hueco vacío que ahora había en mi pecho y que se iba llenando gota a gota de odio hacia él.

Nunca más volvería a confiar ni a entregar el corazón; a partir de ahora sería yo la que disfrutase de ellos, de sus cuerpos y después, cuando la emoción del juego pasara los abandonaría sin más.

Una vida sola, con algún escarceo, sin implicaciones. Así no volvería a sentir el dolor tan profundo que ahora me desgastaba.

Nunca más dejaría que mi corazón se ahogase en el amor.

Caminé lentamente a casa y cuando llegué me encerré en mi habitación para continuar llorando. Fue la primera y única vez que permití que alguien tuviese el suficiente poder sobre mí como para hacerme daño.